Opinión

El Marxismo Cultural está en el corazón de nuestra desintegración moral

Escrito por Analisis Noticias

Yo siempre había pensado que Jennifer Roback Morse llegaba al punto central del asunto cuando se enfocó en las víctimas de la Revolución Sexual. Su punto de vista, sin duda correcto, es que el llamado “matrimonio gay” no empezó con los gays; más bien, la Revolución Sexual preparó el terreno a partir de la década de los ‘60.

En el libro The Devil’s Pleasure Palace (El Palacio de Placer del Diablo), Michael Walsh explica que hay algo aún más fundamental en el meollo de la cuestión, y que la Revolución Sexual es sólo una parte de ello. Lo que había en el fondo de la cuestión es el Marxismo Cultural, la Teoría Crítica y el Instituto que los creó, el Instituto de Investigación Social, comúnmente conocido como la Escuela de Frankfurt.

Usted sabe esto mejor de lo que cree. De hecho, las ideas de esa Escuela fluyen no sólo a través de toda la sociedad, sino que, sépalo o no, también a través de sus venas.

Considere primero al psiquiatra William Reich, el hombre que, en 1936, acuñó el término “Revolución Sexual” en un libro del mismo nombre. Reich fue un chiflado de primer orden. Con el tiempo, incluso sus colegas freudianos lo evitaban como la peste. Todos sus libros tuvieron que ser publicados privadamente. En pocas palabras, Reich estaba embrutecido por el sexo y muy probablemente era un demente. (…) Masajeaba a sus pacientes desnudas y en la (…) Viena de los años ‘20 abogó por los anticonceptivos, el aborto y el divorcio.

Reich quiso conciliar el psicoanálisis con el marxismo y creía que el marxismo económico sería un fracaso debido a la sexualidad reprimida del proletariado.

Reich fue miembro de la Escuela de Frankfurt que finalmente hizo su carrera en los Estados Unidos, donde se inventó una máquina de orgasmo, después ridiculizada como el “orgasmitron” por el loco sexual de Woody Allen en su película Sleeper. Más tarde murió en prisión luego de estafar a la gente con la compra de su máquina. La Food and Drug Administration (de EE.UU) quemó varias toneladas de sus libros.

Según Michael Walsh, Reich fue uno de los miembros más influyentes de la Escuela de Frankfurt. ¿Cuán influyente? Durante los disturbios estudiantiles de 1968 en París y Berlín, los estudiantes arrojaban a los policías ejemplares de su libro “Psicología de Masas del Fascismo”. Ellos escribían su nombre en las paredes. Pero, más que eso, la Revolución Sexual que él teorizó ya es conocida por todos, la lingua franca2 de nuestra época.

Los marxistas culturales de la Escuela de Frankfurt creían que el marxismo económico fallaría debido a la resistencia de las clases trabajadoras. Creían que el marxismo sólo podría llevarse a cabo socavando las instituciones, todas ellas. Ellos comenzaron lo que llamaron la “Larga Marcha”3 a través de las instituciones. ¿Quién hubiera pensado hace algunos años que los Boys Scouts se rendirían al lobby gay? Seguro que la Escuela de Frankfurt.

La Teoría Crítica es fundamental para su plan. Es bastante seguro que usted la tiene en la universidad y probablemente incluso en la escuela secundaria. Esto le sonará familiar a usted (…). La Teoría Crítica busca la transformación social a través de la emancipación de la humanidad de todas las formas de esclavitud. Los esclavistas resultan ser la Iglesia, la familia, y el libre mercado.

Cuando escuchas a alguien hablar mal de la historia estadounidense, se trata de la Teoría Crítica. ¿Las entonaciones incesantes contra las Cruzadas? Teoría Crítica. La familia patriarcal, cultura de la violación, el multiculturalismo, la corrección política, códigos de expresión; todo ello es la Teoría Crítica. La idea es hacer que usted se cuestione todo, y en el interrogatorio, que caigan las instituciones.

Usted puede incluso escuchar la Teoría Crítica en la boca de nuestro Presidente (EE.UU.); cuando él se burla de los cristianos ortodoxos, no proviene de su supuesto amor al Islam, sino que a su formación en la Teoría Crítica y el Marxismo Cultural, que aprendió de la amargura de su propio padre, de su mentor comunista Frank Marshall Davis, de sus profesores y de Saúl Alinsky. Obama es realmente la persona más radical que haya ocupado la Casa Blanca porque quiere derribar las instituciones que han hecho y han protegido nuestro país.

Puede que nunca haya oído hablar de algunos de ellos: Max Horkheimer y Theodor Adorno, inspirados en Antonio Gramsci. Quizás usted puede conocer sus nombres: Herbert Marcuse, y Eric Fromm. Eran hombres malvados que odiaban a la civilización occidental. La mayoría trajeron su veneno a los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, o poco después.

Es asombroso pensar que este instituto abiertamente marxista fundado para socavar la civilización occidental fue invitado para que moviese sus operaciones a la Universidad de Columbia en 1935. A partir de esta posición elevada, estos hombres comenzaron el goteo de veneno en la cultura americana.

Michael Walsh cuenta una historia muy amena de estos hombres (en su libro), a pesar de que él no comienza en el siglo XX, y no se centra en la sociología, la psicología, u otras ciencias blandas, sino más bien en el arte, especialmente la ópera. Muestra cómo se preparó el terreno para los marxistas culturales a través de los nihilistas artísticos del siglo XIX.

Walsh fue el crítico de música clásica de la revista Time por un largo período y antes del San Francisco Examiner. Ha escrito obras de teatro novelas, biografías y guiones de películas que han sido llevados al cine. Comenzó a escribir sobre política en 2007 en el National Review bajo el nombre de David Kahane, y bajo ese nombre publicó una respuesta a Saúl Alinsky llamada “Reglas para Radicales Conservadores”.

En caso de que se lo pregunte, Walsh es un fiel católico, ardientemente pro-vida y pro-matrimonio, temas sobre los cuales se explaya en The Devil’s Pleasure Palace. Él es abiertamente religioso en este libro, con el argumento de que nuestra lucha contra el Marxismo Cultural es una lucha contra el mismo Satanás.

Walsh entiende que los EE.UU. pueden haber derrotado a un imperio, pero no hemos derrotado a la idea. El marxismo está vivo y bien, sano y salvo, y prácticamente en todas partes; en la universidad, en la municipalidad, incluso en el club de montañismo. Está en el aire que respiramos.

Pero Walsh no es pesimista. Él cree que el Marxismo Cultural está agotado, pero, al igual que las uñas de las manos de un cadáver, todavía puede crecer, y que estas personas y su maliciosa teoría seguirán haciendo daño y perjudicando a las almas, y depende de nosotros primero reconocer lo que hay verdaderamente en el fondo de la cuestión, y luego, detenerlo.

(Artículo publicado originalmente en inglés por Crisis Magazine. Ver: http://www.crisismagazine.com/2015/cultural-marxism-is-at-the-heart-of-our-moral-disintegration )

Por Austin Ruse

Presidente de C-FAM (Center for Family & Human Rights)

Editado Por Marcos Jaramillo

Deja un comentario