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La estrategia propagandística de la eutanasia: hacer de la parte el todo en el vídeo ‘La promesa’

Escrito por Analisis Noticias

La estrategia de los defensores de la eutanasia en España es clara. En medio del debate sobre su legalización o no, se pretende sensibilizar a la opinión pública con sus objetivos haciendo de la parte el todo, es decir, dando relevancia a un caso concreto y extremo para generalizar el resto. Ya lo decía Stalin cuando quería enfatizar la mejor manera de hacer propaganda de la causa comunista: “Una sola muerte es una tragedia; un millón de muertes es estadística”.

En ese sentido, ahora ha tenido presencia en los medios de comunicación afines a la legalización de la eutanasia la sobreexposición de un vídeo-documental titulado La promesa, que narra un día en la vida de una mujer enferma de alzheimer, que, según sostiene su hijo, supuestamente pidió que la ayudaran a morir.

Se trata de un vídeo que ha grabado un hijo sobre su madre -fallecida el pasado mes de marzo- y que dura 22 minutos. El leitmotiv del vídeo es “la vida es un derecho, no una obligación” y es presentado como la consecuencia de un entorno legal represivo cuando en realidad es un entorno legal que protege al más desvalido.

¿Cómo se presenta la enfermedad?

La forma cómo se ha presentado la cuestión por parte de los medios de comunicación es partidista. Se afirma que si la eutanasia estuviera legalizada “el último año y medio el alzheimer no se habría cebado con un ser ya vencido e incapacitado después de 13 años de enfermedad”.

Esta visión sostiene que quien tiene alzheimer va a vivir necesariamente un encarnizamiento porque se pierde la memoria, la identidad y la capacidad de querer. Pero no son las únicas enfermedades mentales que provocan esto, asimismo la discapacidad grave nos pondría en la misma situación. ¿Debemos de eliminar a todas estas personas?

Con este tipo de enfoque, que parte de un caso concreto, de esta enseñanza devienen consecuencias generales y no se analizan estas consecuencias generales, solamente se tienen en cuenta la parte emocional de la historial.

¿Esto quiere decir que la solución es la opción de matar? ¿Esta decisión de matar quién la toma? En el caso concreto que se presenta, supuestamente la enferma dijo hace cinco años que quería que le ayudaran a morir en el momento en el que no reconociera a sus seres queridos.

¿Tenemos que creer al marido o a la persona que lo dice o la persona que lo dice cree que hace un favor a ella y a sí mismo? Este caso ni si quiera con la Ley en vigor se habría contemplado. ¿Por qué presentarlo, pues, como un caso paradigmático?

El problema aquí viene de querer legislar a través de las excepciones. ¿Es suficiente despertar una ola de emotividad para legislarlo todo?

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